La falta de ciclovías y bicisendas, la escasa seguridad al compartir las calles con vehículos y el deterioro de la infraestructura urbana aparecen hoy como las principales preocupaciones de quienes utilizan la bicicleta como medio de transporte en Tucumán. Un relevamiento entre usuarios de este sistema de movilidad reveló que las condiciones climáticas, habitualmente señaladas como un obstáculo, ocupan uno de los últimos lugares entre las dificultades cotidianas mencionadas por los ciclistas.

La percepción coincide con una idea impulsada desde hace años por el diplomático holandés Dirk Janssen, exembajador de los Países Bajos en Panamá y promotor de la movilidad sustentable. “Sólo una persona que no anda en bicicleta piensa que el clima es un problema para el ciclista”, sostenía el funcionario, cuyo país se convirtió en uno de los mayores referentes mundiales en el uso urbano de este medio de transporte.

En los Países Bajos, la bicicleta forma parte de un sistema completamente integrado, donde la infraestructura fue diseñada para combinarse con otros medios públicos mediante una única tarjeta inteligente, la OV-chipkaart, o incluso a través de tarjetas bancarias sin contacto, permitiendo conexiones entre trenes, tranvías, subtes, colectivos, ferris y bicicletas.

Janssen solía mostrar en redes sociales cómo los ciudadanos holandeses continúan utilizando sus bicicletas aun durante inviernos con temperaturas extremas, fuertes vientos o veranos lluviosos, sin abandonar el hábito cotidiano.

En Tucumán, sin embargo, el debate parece concentrarse en otros problemas. El sondeo realizado reveló que el 36% de los consultados considera que la principal dificultad es la falta de ciclovías o bicisendas seguras.

En segundo lugar apareció el riesgo generado por vehículos que circulan demasiado cerca de los ciclistas: un 24% identificó como principal amenaza a automóviles, motocicletas o colectivos que pasan “rozando” al usuario.

Los baches y el mal estado de las calles ocuparon el tercer lugar con un 15%, seguidos por conductores que abren las puertas de sus vehículos sin observar hacia atrás (10%), la falta de respeto a la prioridad de paso para bicicletas (7%), las condiciones climáticas como lluvia, frío o calor (5%), la velocidad vehicular (2%) y la ausencia de espacios adecuados para estacionar bicicletas (2%).

Para Sebastián Ganzburg, integrante de la organización Metabici, la problemática excede la infraestructura física.

“Coincido prácticamente con todas las opciones menos con el clima. El problema principal es la falta de conciencia ciudadana, la escasa infraestructura urbana, el poco respeto al ciclista y la ausencia de creatividad política para pensar una movilidad distinta”, sostuvo.

María Castagnaro también enumeró los factores que más complican sus recorridos diarios: los vehículos que circulan demasiado cerca y a alta velocidad, las puertas que se abren sin advertencia, las maniobras de automovilistas que cruzan el vehículo para doblar sin esperar y el deterioro de las calles.

La ciclista explicó que enfrenta dificultades especialmente en las inmediaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, donde —según indicó— el estado de las calles obliga a esquivar pozos mientras convive con tránsito en doble mano y vehículos que circulan a gran velocidad.

“Hay calles donde uno tiene que hacer verdaderos malabares entre los baches y los autos”, señaló, al tiempo que cuestionó la falta de coordinación para mejorar los accesos a la zona.

Lorena Córdoba apuntó además a situaciones que le generan inseguridad y angustia durante sus desplazamientos diarios.

“Lo que más me preocupa es el maltrato hacia quienes elegimos movernos en bicicleta y siento que a las mujeres nos afecta más”, sostuvo.

Como ejemplo mencionó la presencia de automóviles estacionados en doble o incluso triple fila. “Cuando uno intenta adelantarse manteniendo distancia prudente, recibe insultos. Nadie cuestiona a quien estacionó mal. Los autos en doble fila me generan pánico”, relató.

Desde Metabici, Mariano Re sostuvo que una parte importante de los conflictos podría resolverse mediante infraestructura segregada.

“Una ciclovía correctamente diseñada evita que los autos pasen rozando, impide problemas con puertas abiertas y reduce riesgos por maniobras imprevistas”, explicó.

No obstante, advirtió que incluso las ciudades con sistemas desarrollados encuentran dificultades en las intersecciones, donde la convivencia continúa dependiendo de la educación vial y del cumplimiento de las normas.

También remarcó la necesidad de sumar estacionamientos amplios, visibles, techados y seguros para bicicletas. “Si nadie deja un automóvil en un callejón oscuro y desierto, no hay razones para exigir algo distinto a quien usa una bicicleta”, planteó.

Pero el debate también mostró cuestionamientos hacia los propios ciclistas.

Algunos críticos de los que se mueven a pedal, sostuvieron que muchas situaciones de riesgo también se originan en conductas imprudentes de quienes circulan sobre dos ruedas.

“El mayor peligro para los ciclistas son los propios ciclistas”, opinó Mónica Ruesjas.

En la misma línea, Carlos Francisco Bulacios afirmó que muchos usuarios “no respetan las normas de tránsito”.

Reinaldo Hugo Dib cuestionó especialmente a quienes circulan en bicicletas deportivas. “No respetan los semáforos en rojo; muchos son adultos pero actúan sin criterio y sin valorar su propia integridad”, expresó.

Alejandro Pérez Filgueira sostuvo una postura similar al señalar que los principales riesgos para ciclistas y motociclistas muchas veces provienen de sus propias conductas.

Sergio Gustavo Romano también relató experiencias personales. Contó que estuvo a punto de ser atropellado en dos ocasiones consecutivas: primero al descender de un colectivo que no pudo acercarse al cordón por un vehículo mal estacionado y luego mientras caminaba por una vereda donde circulaban ciclistas.

“Para exigir respeto primero hay que respetar. La ley de tránsito también rige para ellos”, reclamó.

A los problemas ya mencionados se sumaron otras observaciones realizadas por usuarios. Carlos Barrionuevo advirtió sobre riesgos menos visibles, como los desniveles que quedan entre el cordón y las nuevas carpetas asfálticas tras trabajos de repavimentación.

Además, alertó sobre árboles con ramas bajas que invaden el espacio de circulación y que, según señaló, pueden provocar lesiones graves a quienes circulan en bicicleta.

Las opiniones reflejan un panorama donde la bicicleta gana espacio como alternativa de movilidad, aunque todavía enfrenta desafíos vinculados tanto a la infraestructura como a la convivencia y al cumplimiento de las normas viales.