El tiburón blanco más grande jamás registrado en el Atlántico vuelve a estar en el punto de mira de la comunidad científica. Con más de cuatro metros de longitud y un peso de 770 kilos, el ejemplar conocido como Contender ha emitido una nueva señal desde su transmisor satelital tras pasarse varios meses sin dar noticias. A pesar de que su ubicación exacta sigue siendo todo un misterio, todo apunta a que continúa su migración estacional hacia el norte y podría acercarse a una de las zonas turísticas más visitadas de la costa este de Estados Unidos. El animal fue marcado por la organización de investigación Ocearch en enero de 2026 frente a la costa de Georgia. Su última posición conocida se registró en abril, cuando nadaba cerca de Pamlico Sound, en Carolina del Norte. Desde entonces no había vuelto a detectarse hasta el pasado 10 de julio, cuando el transmisor envió una única señal que confirmó que el tiburón seguía activo, aunque sin permitir conocer su posición con precisión. Los investigadores explican que el sistema de seguimiento solo puede localizar con exactitud al animal cuando recibe al menos tres señales consecutivas. En este caso, solo se registró una transmisión aislada, lo que indica que la aleta dorsal emergió unos instantes sobre la superficie antes de que el tiburón volviera a sumergirse. Mientras permanece en aguas profundas, los satélites no pueden seguir su recorrido. Todo ello coincide con el comportamiento habitual de los grandes tiburones blancos del Atlántico Norte. Durante el verano y el comienzo del otoño, estos depredadores suelen desplazarse hacia aguas más frías y ricas en alimento. Uno de sus destinos más frecuentes es Cape Cod, en el estado de Massachusetts, una península muy famosa por sus playas y que, anualmente, recibe a cientos de miles de turistas. A pesar de que la posible llegada de Contender ha despertado un gran interés, los expertos recuerdan que su presencia no implica un peligro inmediato para los bañistas. El seguimiento de estos animales permite conocer mejor sus rutas migratorias y comprender cómo usan el océano a lo largo del año. No obstante, mientras el enorme tiburón permanezca bajo el agua, su viaje continuará desarrollándose casi por completo fuera del alcance de la tecnología de rastreo.